Entrevistas

ENTREVISTA: Jaime Manrique

En 2007, Jaime Manrique nos deleitó con Nuestras vidas son los ríos, un retrato sobre la apasionante e intensa vida de Manuela Sáenz, la ecuatoriana valiente a quien la historia recuerda como "La Libertadora del Libertador" Simón Bolívar. Ahora, el escritor nacido en Barranquilla, Colombia, regresa con otro personaje de altura: Miguel de Cervantes Saavedra, publicado por Alfaguara. El callejón de Cervantes fue escrito originalmente en inglés y traducido al español por Juan Fernando Merino.

La novela gira en torno al creador de El Quijote y su amigo y rival Luis Lara, un personaje ficticio basado en el Alonso Fernández de Avellaneda, seudónimo de un autor real no identificado (presunto enemigo de Cervantes) y quien escribió el segundo Quijote. La historia es además una reflexión sobre el amor, el odio, la envidia, los sueños, la libertad, y, también,  el arte de escribir como terapia. Manrique ofrece al lector una historia que cautiva desde la primera página y que sirve para celebrar al genio del libro de libros en español. Conversamos con el autor en un café del West Village de Nueva York, donde reside desde 1980.

Comencemos por lo básico, ¿cuándo nace esta novela?

La idea del libro en sí nació, creo, como en el 2005, hace siete años. Fue en esa epoco que comencé a pensar en el libro. Y cuando fui a Madrid en el otoño de ese año, que hice un recorrido por La Mancha, y entonces me di cuenta que realmente podía escribir el libro. Cuando llegué a Nueva York escribí los dos primeros capítulos.

¿Siempre te atrajo la figura de Cervantes?

No. Me gustaba más El Quijote, pero no tanto Cervantes. Hace como quince años, una tarde que creo tenía el flu, yo estaba en la cama, y vi un programa de televisión sobre la vida de Cervantes en el Discovery Channel y me pareció tan extraordinaria esa vida. Nunca vi de nuevo ese programa. Me dije "Dios mío, que vida, hay que hacer una película de eso" y a si comenzó la curiosidad porque no sabía como había sido la vida de él. Y cuando vi eso dije que algún día me gustaría poder escribir. Pensé en una película, no sé por qué se me ocurrió eso, y después poco a poco comenzó la idea de la novela.

O sea que a diferencia de otros personajes que atrapan en la infancia, lo de Cervantes vino después...

Claro. En cambio, lo que me pasó con Manuela Sáenz fue desde niño. Me encantaba ella.

¿Por qué te gustaba Manuela Sáenz?

Porque era fascinante, o sea la forma como hablaban de ella en Colombia. Unos la odiaban, otros la querían muchísimo. Entonces las mujeres, sobre todo mis tías la amaban y uno escuchaba ese nombre, Manuela Sáenz, Manuelita, porque todo el mundo le decía Manuelita, por ahí fue que comenzó la fascinación. ¿Quién es esta mujer?, me decía. Siempre su nombre se mencionaba con mucha pasión.

Volviendo a Cervantes, ¿cómo fue y cuánto tiempo te tomó hacer la investigación?

Todo me tomó como tres o cuatro años, especialmente con la lectura, tuve que leer mucho y viajar. Fui a España muchas veces, visité Andalucía, después regresé de nuevo a Madrid, La Mancha y después fui a Argelia, Roma y Grecia.

¿Cómo es ese territorio de La Mancha? ¿Qué es lo que más recuerdas?

¿De La Mancha? Bueno...tengo un amigo en Madrid, Dionisio Cañas, es un poeta del sur de España pero él vivió mucho tiempo en Nueva York. Él me dijo un día "bueno, te voy a llevar en mi carro y vamos a dar una vuelta por toda La Mancha". Ese día me llevó a muchos de los sitios que aparecen en El Quijote, como La Laguna de Ruidera, la Cueva de Montesinos, todas estas escenas famosas en El Quijote están basadas en lugares realmente específicos de La Mancha y lo que más recuerdo son los molinos de viento, algunos en topes de colinas, molinos bastante viejos. Pero la Cueva de Montesinos fue una cosa mágica. Uno de los momentos más claves en todo El Quijote. Y cuando llegamos allá, no había nadie y uno estaciona y camina como 200 metros. Y la cueva no es muy grande, la entrada debe ser como de dos metros por dos metros, así un hueco en el suelo, no hay más nada. Pero alrededor la tierra es de un rosado profundo, no está sembrada porque crecen silvestre todas estas hierbas aromáticas que usan en la comida española. El olor era tan embriagante. Yo nunca había respirado nada así. Y estaban los árboles pequeños y de pronto, no sé, empezaron a volar miles de perdices de los árboles. Fue una cosa mágica y me sentí como viviendo El Quijote en ese momento.

¿Y fue como sentir a Cervantes?

Sí, claro, sentí. Uno puede decir "él estuvo aquí", por que visitó la cueva de Montesinos. Como dijo mi amigo, desde esa época todo sigue igual, allí no ha cambiado nada. No han puesto nada. También visité los Baños de Argel, en Argelia.

El libro dice que Cervantes era judío, algo que ha sido muy poco comentado o al menos no te lo enseñan en la escuela...

Sí, claro, para mí fue una sorpresa, y llegué ahí por las muchas lecturas que hice. Varios de los biógrafos dicen eso y además que la familia de él nunca pudo probar su pureza de sangre. Entonces eso ya es una clave muy importante de que él era judío. En cierta forma informa mucho, cuando uno sabe eso y lee El Quijote, entonces se da cuenta que había mucho antisemitismo en España. Muchos eran judíos conversos, de hace cien años, pero no tenían pureza de sangre de acuerdo con los españoles. Por eso quizás la vida de él fue marginal. Una de las razones por las que nunca salió adelante fue por eso, no era un verdadero cristiano ante los ojos de los españoles. Y tal vez eso influyó mucho en la forma como él vivió su vida. También, un amigo me dijo que en El Quijote siempre están comiendo puerco Sancho y Don Quijote, y eso es una forma de Cervantes de decirle al público "miren, yo no soy judío, mis personajes comen puerco". ¡Jamón!

En la narración usas dos voces para contar la historia. Parece que te gusta ese recurso, ¿no?

Sí, eso me funcionó en Nuestras vidas son los ríos, donde están las voces de Manuela y las dos esclavas. En este nuevo libro, pensé que escribir toda la novela en la voz de Cervantes, no sé, me pareció que podría ser tedioso para mí. Y la otra voz [NdR: la de Luis Lara] es como que está contrapuesta a la del protagonista. Es una forma de ver las cosas de ambos lados. Cada uno presenta una perspectiva diferente de la misma cosa.

¿Cómo fue retratar a Cervantes?

Fue un personaje muy difícil, seguro. ¿Cómo penetra uno en la mente de un genio? ¿Cómo meterme dentro de esa cabeza y ser la voz de este genio? En la última parte del libro, cuando él se casa, fue cuando finalmente encontré la voz final de él. En su madurez pude penetrar en el ser humano, cuando ya no estaba en las aventuras, cuando no estaba en la guerra, de esclavo, corriendo por el mundo. Lo encontré casado, con su esposa, ahi pude estudiarlo mejor. Me sentí muy cercano a él. Creo que por primera vez escuché su voz, lo que él sentía en un momento de su vida. Esa fue la parte más interesante para mí, en .

¿Cómo debemos acercarnos y leer El Quijote?

Yo he leído El Quijote en español y en inglés y siempre lo he enseñado en inglés. Si tú lo vas a leer en español, uno no puede hacerlo al menos que sea una edición anotada, porque hay miles de palabras que utiliza Cervantes que no sabemos lo que quieren decir. Uno dice ¿y esto qué es? Cuando él escribió El Quijote, en esa época el español estaba en proceso de formación, entonces para leerlo ahora es un poco tedioso. Pero al mismo tiempo, es la única forma de leerlo. Mientras que si lo lees en inglés, los traductores tienen que usar palabras que conocemos, entonces lo puedes entender sin tener que recurrir tanto a las notas. En general, no es fácil, el lenguaje es difícil y eso que lo he leído en español por lo menos tres veces.

¿A qué edad aconsejas su lectura?

No es un libro para niños, por que principalmente es un personaje que te impacta. Cuando yo tenga 80 años, si estoy vivo y vuelvo a leerlo, espero poder entender todo lo que abarca Cervantes, su sabiduría y lo que significa el libro.

Si tuvieras que resumirlo a Cervantes en tres palabras, ¿qué dirías de él?

Burlón. Melancólico. Heróico...A mí me interesan mucho los héroes, por eso quizás escribí de Manuela también. Ella era una apasionada del Quijote, lo leía mucho. Me gustan estos personajes que son tan grandes y tan maravillosos que no existen en la vida real, sobre todo en la vida nuestra, no en mi vida. Estos seres tienen una fuerza inaudita de mover las cosas, a veces son derrotados en la vida pero finalmente triunfan en el destino.

Cuando llegaste al final, ¿cómo te despediste de Cervantes?

Para mí fue una época trágica porque mi compañero de treinta años [NdR: Bill Sullivan] murió un poquito después de terminar el libro. Fue como perderlo a él y a Cervantes al mismo tiempo. Bill siempre me decía "quiero vivir lo suficiente para verte terminar este libro". Mira...nunca había pensado en esto, después que él murió fue una época espantosa para mí, porque me dí cuenta que el libro ya no era mío. Había pasado años enteros obsesionado con este personaje, con los otros personajes del libro y toda esa historia, que ya no me pertenecían. Yo ya no regresaría a esa historia. La pérdida de Bill y de Cervantes fue algo que cambió profundamente mi vida.

Podríamos seguir hablando de Cervantes, asi que para terminar, una última inquietud. ¿Cuánto leemos hoy en día?

Yo creo que todos leemos menos, incluso yo que siempre he sido un gran lector. Pero todavía hay muchos lectores. Es una necesidad que tiene el ser humano de que le cuenten historias. Lo que pasa es que ahora las historias nos la cuenta la televisión, y eso ha reemplazado un poco el hábito. Pero leer es un placer muy profundo, es muy íntimo. En el sexo son dos personas, pero cuando estás leyendo eres tú con ese libro y nadie más. Es como una cosa muy profunda y más íntima que el sexo.

Sobre el autor

Jaime Manrique nació en Barranquilla, Colombia. En 1975 recibió el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus por su primer libro Los adoradores de la luna. En español, publicó también El cadáver de papá (1978) y Notas de cine: confesiones de un crítico amateur (1979). En inglés es autor de las novelas Oro colombiano (1983), Luna latina en Manhattan (1992; Alfaguara 2003), Twilight at the Equator (1997) y Nuestras vidas son los ríos (2006; Alfaguara 2007. Ganador del International Latino Book Award 2007 a la Mejor Novela Histórica). Entre sus poemarios se destacan Mi noche con Federico García Lorca (1995), Mi cuerpo y otros poemas (1999) y Tarzán, Mi cuerpo, Cristóbal Colón (2000). Su obra ha sido traducida a diez idiomas. Manrique es becario de la Fundación Guggenheim y fue profesor en New York University, Rutgers University, Mount Holyoke College, Columbia University. Vive en Nueva York.

Entrevista y foto por Marcela Álvarez.

El callejón de Cervantes

El callejón de Cervantes

Jaime Manrique
Alfaguara
ISBN: 978-958-758-317-5
Precio: $22.95 - tapa blanda
Fecha de publicación: Febrero 2012
 

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