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No hay silencio que no termine

No hay silencio que no termine

Íngrid Betancourt
Aguilar
ISBN: 978-1616052430
Precio: $19.99 - tapa blanda
Fecha de publicación: Septiembre 2010

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Íngrid Betancourt"Encadenada del cuello a un árbol, desposeída de toda libertad, la de moverse, sentarse, o pararse, hablar o callar, la de comer o beber, y aun la más elemental de todas, la de aliviarse con el cuerpo...Entendí pero me tomó muchos años hacerlo que uno guarda a pesar de todo la más valiosa de las libertades, la que nadie le puede arrebatar a uno: aquella de decidir quién uno quiere ser.”

Por fin está disponible el tan esperado libro de Íngrid Betancourt. No hay silencio que no termine es un testimonio personal muy fuerte. En el marco de una apretada gira nacional que arrancó en el National Press Club en Washington, D.C., la ex candidata a la presidencia de Colombia y rehén de las FARC presentó su libro donde narra los seis años y medio de martirio que vivió en la selva. Figura controversial, aplaudida por unos y vapuleada por otros, Betancourt no pasa desapercibida. Por ello, la publicación de su opus, lanzado en seis idiomas y 14 países simultáneamente y cuyo título se desprende de un verso nerudiano, despierta polémica. “Hay que dejar de lado el temor”, dijo Betancourt, categórica, en el Press Club. Así lo demuestran sus varios intentos de escapatoria, su deseo ferviente de buscar la libertad y de mantener “la dignidad” por encima de todo, según narra en su libro.

Ingrid Betancourt“Había tomado la decisión de escaparme. Era mi cuarto intento de fuga, pero después del último las condiciones de nuestro cautiverio se habían vuelto aún más terribles”. Con estas líneas empieza No hay silencio que no termine. En adelante, es prácticamente imposible dejar de leer. “Desprovista de todo, de tu nombre, tu existencia, ¿cómo das sentido a ese infierno?”.

Betancourt pinta en detalle la dantesca experiencia de la vida en la selva, las relaciones, a menudo conflictivas, con los otros prisioneros, en especial con Clara Rojas, su compañera de fórmula; las miguitas de comunicación, esporádica, con su madre e hijos a través de un programa radial, y el “ 'trato especial' que recibía, por ser quien era, por parte de las FARC”. Betancourt hace énfasis en "trato especial".

Sobre la demanda que puso en julio pasado contra el ejército colombiano, donde solicitó una indemnización por 6,8 millones de dólares por los años que pasó en cautiverio, la franco-colombiana dijo enfática “tenemos derecho a ser consideradas víctimas”. Ante la presión y críticas negativas, Betancourt posteriormente declinó en su demanda. “Todavía estoy muy dolida con Colombia y siento pena por aquellos que todavía están en la selva”, dijo y mencionó a varios de sus ex compañeros que continúan sufriendo en las redes de las FARC.

A más de dos años de su liberación, Betancourt ve con optimismo el futuro. Tiene ganas de seguir escribiendo. De ahora en adelante, y más que antes, tampoco se negará al placer de un helado o a la caricia de un perfume sobre su piel. “Mi felicidad es descansar, tengo que reconstruir mi vida. Es fabuloso estar viva y libre". Vestida sencillamente elegante, Betancourt se mide con las palabras. "Estoy preparada para ser feliz,” concluyó con una leve sonrisa ante el aplauso del público.

Íngrid Betancourt fue secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) el 23 de Febrero de 2002, mientras se dirigía a San Vicente del Caguán, en plena campaña presidencial con su partido Oxígeno Verde. Fue liberada el 2 de Julio de 2008 por la Operación Jaque del Ejército de Colombia, un impresionante operativo de rescate que le dio la vuelta al mundo. Veintiséis meses después, Betancourt comparte su terrible experiencia con el lector.

Desde Washington, D.C., Marcela Álvarez, editora de TintaFresca.